En Cuatro Vientos asumimos que el conflicto es una parte natural de la convivencia. En lugar de evitarlo o apresurarnos a resolverlo por ellos, lo vemos como un momento clave de aprendizaje, donde pueden aprender y practicar habilidades socioemocionales, encontrar palabras para lo que sienten y aprender a relacionarse con otros de manera respetuosa.
El manejo del conflicto en la primera infancia no consiste en eliminar los desacuerdos, sino en acompañar a niñas y niños para que desarrollen herramientas internas que les permitan resolverlos de manera segura y constructiva ellos mismos.

¿Por qué es importante el conflicto en la primera infancia?
Los conflictos entre niños son una oportunidad natural para aprender a:
- reconocer lo que sienten
- expresar necesidades
- escuchar a otros
- negociar
- buscar soluciones creativas
- cuidar los vínculos
En esta etapa (y tal vez en todas), las habilidades socioemocionales no se enseñan mediante discursos, sino a través de experiencias acompañadas, donde un adulto sostiene el proceso sin imponer resultados.
Cuándo intervenimos en un conflicto entre niños
Favorecemos que los niños resuelvan por sí mismos, pero intervenimos cuando:
1. Hay violencia física o verbal, o es inminente
Intervenimos para garantizar seguridad y evitar daño físico o emocional. Entre más conocemos a nuestros niños, podemos intervenir cuando sabemos que una agresión puede llegar a ocurrir.
2. El mismo conflicto se repite entre los mismos niños
La repetición indica que necesitan apoyo para comprender lo que ocurre y encontrar alternativas. También puede implicar una necesidad de conexión o de resolver desacuerdos más profundos.
3. Algún niño ha adoptado un rol fijo
Roles como “siempre cedo”, “siempre mando” o “siempre me excluyen” pueden en ocasiones observarse. Acompañamos para flexibilizar esas dinámicas y aportar comprensión y posibilidades de obtener perspectivas frente a estas dinámicas.
4. Los niños piden ayuda
Pedir apoyo es una habilidad valiosa y la tomamos en serio. Cuando se pide ayuda, no queremos entrar a resolver por ellos, sino a aportar estrategias para generar escucha, empatía y la posibilidad de llegar a acuerdos.
En todos los casos, nuestro rol no es resolver por ellos, sino guiar el proceso para que participen activamente.
Nuestro enfoque: acompañar sin resolver
El objetivo del manejo del conflicto en la primera infancia es que los niños aprendan a:
- expresar lo que sienten
- escuchar al otro
- comprender puntos de vista distintos
- participar en la creación de una solución
Evitamos imponer disculpas, ofrecer soluciones rápidas o aplicar castigos. Queremos que el conflicto genere aprendizaje y crecimiento. Para esto, hemos generado una estructura amplia y flexible para la intervención adulta.
Pasos para acompañar la resolución de conflictos:
1. Aclarar los hechos con lenguaje simple y descriptivo
Antes de resolver, necesitamos comprender qué ocurrió. Invitamos a cada niño a contar lo sucedido desde su punto de vista:
«Vi que los dos querían el mismo material.»
«Escuché un grito. ¿Qué pasó para ti?»
En esta primera etapa ayudamos y modelamos cómo manejar un lenguaje descriptivo y sincero. Corregimos cuando surgen sitios y enseñamos a hablar desde ellos mismos. Si fuimos observadores de lo ocurrido, nuestra descripción sirve para modelar cómo hacerlo.
Es importante igualmente validar lo que hemos escuchado. Por ejemplo:
«Lo que estoy entendiendo es que tú tenías el carro y te alejaste para tomar una rampa, en ese momento, él lo tomó. ¿Es así?»
Este paso permitirá tener claridad sobre las diferentes perspectivas y asegurarnos que se sienten escuchados.
2. Nombrar emociones y validar lo que sienten
Ayudamos a los niños a identificar y expresar lo que sienten poniendo palabras y validando:
«Creo que te dio rabia cuando eso pasó.»
«Parece que te asustaste, ¿es así?»
Este paso puede ir unido al anterior. Aprendemos a observar la emoción del otro e iniciamos así la posibilidad de integrar la empatía en el proceso de resolución del conflicto.
3. Preguntar cómo quieren resolverlo
No imponemos la solución; la construimos con ellos. Esto es clave, ya que los niños pueden ser tremendamente creativos para generar ideas. Podemos preguntar algo así como:
«¿Cómo quieren resolver este conflicto?»
Para los más pequeños ofrecemos opciones como:
- turnarse
- buscar otro material
- jugar juntos o separados
Si alguno de ellos no está cómodo con la solución planteada, deberá generar una nueva. Esto permitirá que el conflicto no se enfrasque en un ir y venir de la misma proposición.
En algunas ocasiones, la solución planteada puede no parecernos apropiada o justa a nosotros. Si ninguno de los dos está siendo vulnerado, podemos permitir soluciones diferentes a nuestro propio sentido de justicia, entendiendo que el conflicto es entre ellos, no nosotros.
Lo que ocurre cuando acompañamos el conflicto de esta manera
Cuando el conflicto se acompaña en vez de solucionarlo nosotros mismos, los niños aprenden y practican habilidades emocionales, sociales y cognitivas.
En lo emocional, aprenden a expresar lo que sienten y a empatizar con los otros. También pueden vincularse con la emoción y conocerse a sí mismos en diferentes contextos.
En lo social, se fortalecen habilidades como pedir ayuda, expresarse de forma asertiva, negociar, escuchar, afianzar vínculos, conocer al otro, generar y cumplir acuerdos. A través del conflicto podemos aprender a relacionarnos de forma sana.
Finalmente, algunas de las habilidades cognitivas que se fortalecen son la creatividad para buscar soluciones, la comprensión del lenguaje hablado, la expresión y organización de ideas, y la priorización de necesidades entre otras.
Conclusión
En Cuatro Vientos, el manejo del conflicto en la primera infancia es una parte esencial de nuestro acompañamiento. No buscamos evitar los conflictos, sino transformarlos en oportunidades donde niñas y niños aprenden a convivir, cuidarse mutuamente y construir soluciones en comunidad.

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